Monday, 5 September 2011

lucuma

Beauty, Health and Green Living

I am always on the look out for new fruits, and if there’s a health benefit to eating it then that is even better news. Lucuma or commonly called “eggfruit” is one such fruit. It is native to the cool Andean highland coast, especially in Peru. It is also a popular fruit in Chile.

lucuma2When the lucuma is ripe, it has a nice orange color. Such a pretty looking fruit, if not tasty as well! Photo from Living in Peru.

lucumaf“tastes like maple syrup. very mealy - no juice at all.” - The Black Azar. This would make a good and filling snack. Photo from Flickr.

It’s consider to be South American’s most precious fruit. Lucuma powder is usually exported to European and South American markets. The powders are used to flavor ice cream and other desserts. The powder is also available online at about $15 for 1 lb.

The fruit is low in sugar but has a sweet flavor. It’s been described to be sweet, fragrant and subtly maple-like in flavor. And some say taste similar to caramel too.

The fruit has been shown to grown successfully in Hawaii and Mexico. This species is not tropical, but grows at temperate elevations in Peru. It can also adapt to dry locations.


lucumatreeImage source: Biodiversity International. The tree blooms and fruits all year.

When the fruit mature, they fall to the ground and is collected. It is not edible until they are stored for several days until they become soft. Mariella Balbi at Living in Peru, wrote an interesting piece about lucuma. She writes, “It is also considered a medicinal plant. The leaves are used to cure skin irritations like impetigo or ringworm. In jungle fringe areas, lucuma juice is used to relieve diabetes and those who have tried it have had positive results. In addition, the leaves are an effective dye for textiles. It is therefore a symbolic, nutritious and medicinal food all in one.”

lucumaWhen the fruits are cut up , the inside really look like hearts. Photo from Biodiversity International.

And the folks at Natural News have these health benefits to add to this amazing fruit:

“Excellent source of carbohydrates, fiber, vitamins, and minerals including plentiful concentrations of beta-carotene, which makes it a powerful immune system booster. It is rich in iron, B2 and B1. It’s also high in niacin, which makes it a cholesterol and triglyceride balancer.

This naturally occurring sweetener actually gives your body healing goodness, unlike many sweeteners which offer empty calories and nothing of any value. Its low sugar content makes it a healthy alternative to sugar for people who have diabetes and other illnesses, as well as those growing numbers of people who want to enjoy delicious delights while maintaining vibrant health.”

Maybe the American ice cream business should try adding lucuma powder to their ice cream too. I would eat them!

Comer Kasher

Comer Casher ofrece una variedad de beneficios prácticos y espirituales

por Rab Kalman Packouz

El año pasado visité el Museo del Holocausto en Washington D.C. Teniendo hambre, me dirigí hacia la cafetería y pregunté si tenían comida Casher (según la ley judía: apta para ser ingerida). La mujer detrás de la caja registradora contestó: "sí, tenemos algunos sándwiches envueltos y cerrados, pero también tenemos mucha comida tipo casher". Me compré un sándwich y lo comí mientras pensaba en lo que ella dijo: ¿Qué es comida "tipo casher"? ¿Es realmente casher o "se ve" casher?

Hay dos señales para saber si un mamífero es casher: la pezuña debe ser completamente partida y debe ser rumiante. El cerdo sólo tiene una señal - la pezuña partida y por lo tanto no es casher. Un Midrash plantea que podemos aprender una lección importante de los cerdos, pues ellos se acuestan en el piso con sus patas extendidas hacia adelante enseñando sus pezuñas partidas como si te estuvieran diciendo "Mírame, soy casher". Y hay una lección sutil o no tan sutil en esto: no debemos juzgar por las apariencias, sino sólo por hechos y realidades.

No debemos juzgar por apariencias sino por hechos

La mayoría de los judíos el día de hoy no observan las leyes de cashrut. Frecuentemente, si le preguntas a alguien que no come casher por qué la Torá tiene leyes alimenticias, él te dirá que la razón es porque Moisés no tenía la supervisión del Ministerio de Salud Pública para asegurarse de que los puercos sean sanos y que no tuvieran triquinosis.

Esta es una explicación interesante, pero todavía no explica por qué para que un pez sea casher necesita tener escamas y aletas; por qué la fruta de los árboles no puede ser comida antes del cuarto año de haber sido plantado; por qué los animales deben de ser matados de una manera específica; por qué debe ser removida toda la sangre de la carne antes de poder ser ingerida; por qué la leche y la carne no deben ser comidas en conjunto; por qué los mariscos, insectos y otros animales de la tierra y del mar, así como los pájaros que cazan sus presas y la leche de animales prohibidos, también están prohibidos.

Probablemente la mejor respuesta para ofrecerle a aquellos que mantienen que la Torá ordenó la cashrut por razones higiénicas es repasar junto a ellos algunos de los platillos tradicionales de la tradicional cocina judía europea: el hígado en todas sus variedades, los grivines (pieles de pollo fritas) y el cholent (guisado de shabat) alcanzarán para que él vea que una comida puede ser casher, y a la vez, ¡que representa un boleto en primera clase para llegar a un ataque cardiaco!

La Comida del Pacto

En todas las discusiones de la vida, es importante tener claras dos cosas antes de llegar a una conclusión: las definiciones y los hechos. Si no definimos nuestros términos, perdemos mucho tiempo antes de llegar a clarificar el tema del cuál estamos hablando. Y si no tenemos delante de nosotros los hechos, podemos acabar haciendo el ridículo.

Dios quiere que nosotros usemos nuestro intelecto para entender las mitzvot lo mejor posible

Entonces, volvamos a nuestra pregunta: ¿Por qué los judíos comen Casher?

Las dos razones por las cuales los judíos siempre han cuidado las leyes de la cashrut es porque los judíos creen: 1) que existe un Dios que creó el mundo, lo sostiene y mantiene, y también lo supervisa, y 2) que Dios concertó un pacto con el pueblo judío y les dio la Torá, obligando a los judíos a observar y cumplir sus mandamientos, y las leyes de la cashrut son parte de este compromiso.

Claro, que además, la cashrut nos aporta muchos beneficios (inclusive algunos relacionados con la salud), pero estos son "beneficios" y no "razones". Dios quiere que usemos nuestro intelecto y entendamos las mitzvot de la mejor manera que podamos.

Cinco Buenas Razones

En ésta época, la mayoría de los judíos desgraciadamente no comen casher. ¿Por qué no?

¿Por qué piensan que son más sabios que nuestros antepasados y creen saber más que ellos, entonces evalúan la información y concluyen en que ya no sirve cuidar la cashrut? ¿O debido a un alejamiento de la observancia de las mitzvot a través de los años y las generaciones, a causa de las "circunstancias" del mundo moderno?

Apuesto que el 99% de la gente contestará que la respuesta correcta es la última. No sabemos lo que nuestros antepasados sabían y estamos cómodos al seguir haciendo lo que vinimos haciendo hasta ahora.

¿Qué es lo que nos puede motivar a cumplir las leyes de cashrut? Bueno, si realmente supiéramos que existe un Dios que nos dio la Torá y que tenemos un convenio con Él - de cumplir la Torá - probablemente esto motivaría a algunas personas. Pero después me imagino la pregunta: "¿Qué? ¿Quieres que compre platos, cubiertos, ollas y sartenes nuevas? ¿Estás loco? ¿Te das cuenta cuán difícil es cuidar la cashrut? ¡Esto me cambia la cocina y la vida!".

Pero todo en la vida tiene un costo. La única pregunta es si uno cree que la inversión vale la pena.

Pero todo en la vida tiene un costo. La única pregunta es si uno cree que la inversión vale la pena. Una persona sólo va a hacer lo que crea que es mejor para sus intereses.

Si sabrías que cuidar la cashrut también te garantizaría que tus hijos se casen con una persona judía y que tendrás nietos judíos, ¿esto sería una motivación para ti? Si supieras que al comer casher tal vez serás un poco más sano, que ayudarías a tu espiritualidad, que estarías ejercitando tu disciplina personal, y que esto te inculcaría algunos valores morales, ¿esto te provocaría profundizar más en el cumplimiento de esta mitzvá?

Probablemente los siguientes puntos serán temas de reflexión:

1) Higiene: Hay muchas leyes de la Torá que promueven la salud. El judaísmo prohíbe comer animales que murieron solos, así como también prohíbe comer la sangre de los mismos (que es un buen medio para el desarrollo de bacterias). El judaísmo también prohíbe comer animales que tienen abscesos en sus pulmones y/o otros problemas de salud.

Moluscos, almejas, langostas y cangrejos que pueden provocar fiebre tifoidea y son una fuente de urticaria no están en la dieta de la Torá. La carne y la leche se digieren de distinta manera razón por la cual al comerlos separados al cuerpo no le es tan difícil procesarlos. Las aves de rapiña no son casher, pues la tensión y las hormonas producidas por los mismos no son saludables.

2) Lecciones Morales: La Torá nos enseña a ser sensibles a las necesidades de los demás - inclusive a los sentimientos de los animales. Está prohibido matar a una vaca y a su ternero el mismo día, y también tenemos el famoso: "No cocines al cabrito en la leche de su madre". No podemos remover un miembro del animal mientras siga vivo (hasta el día de hoy entre los gentiles, esta es una práctica común antes de ser refrigerado). Cuando alguien mata a un animal, esto debe ser hecho intentando causar el menor dolor posible: existe un cuchillo especial que es tan filoso que inclusive el rasguño más pequeño lo hace no apto para su utilización.

3) Razones Nacionales: El pueblo judío tiene una misión de letakén et haolam - reparar al mundo. Una dieta especial nos recuerda nuestra misión y nos mantiene juntos como un solo pueblo para poder realizar esto.

(Además, el matrimonio con gente no judía es dificultoso cuando tienes que llevar a una niña no judía a un restaurante casher; o si vas a la casa de tu futura suegra y no puedes comer su comida).

Comer casher es también un recordatorio del agradecimiento que le debemos al Todopoderoso por sacar a los judíos de Egipto, y un símbolo del convenio sagrado (ver Lev. 11:45-47).

4) Mística: La Torá llama a los judíos un pueblo "sagrado", y les prescribe una dieta sagrada (Deuteronomio 14:2-4). Eres lo que comes.

El misticismo judío nos enseña que la comida no casher bloquea el potencial espiritual del alma.

La cashrut es la dieta de Dios para desarrollar la espiritualidad. El misticismo judío nos enseña que la comida no casher bloquea el potencial espiritual del alma. Los animales casher - propiamente matados y preparados - tienen más "chispas de santidad" (de acuerdo a los conceptos kabalísticos) que serán incorporados a nuestro ser.

5) Disciplina: Si una persona puede ser disciplinada en lo que come y dónde come, podrá ser disciplinado en otras áreas de la vida también. La cashrut requiere que después de comer carne uno deba esperar seis horas antes de comer productos lácteos, y no podemos comer ciertos animales o combinar ciertas comidas (¡aún cuando tienes hambre!). Todo esto inspira auto disciplina.

Aprender Más

Si no estás de acuerdo con estas aseveraciones, está bien. Porque la razón real por la cual comemos casher es porque Dios nos lo ordenó en la Torá, y el pueblo judío está conectado con Dios mediante el pacto de cuidar los mandamientos de esa Torá.

¿Cómo sabemos que existe un Dios, y que Él nos dio la Torá? Para obtener estas respuestas, debes leer primero "Permiso Para Creer" y "Permiso Para Recibir", de Lawrence Keleman.

Para aprender más de cashrut busca el libro de "La Cocina Casher", del Rabino Zeev Grinwald - es una guía práctica e ilustrada que elimina el misterio y la confusión en lo relativo al cuidado de la cashrut.

Así como un padre se conmueve al ver los primeros pasos de su bebe, el Todopoderoso valora nuestros primeros pasos hacia el cumplimiento de Su Torá.

Claro, el Todopoderoso no quiere que nos volvamos neuróticos. Si uno quiere mejorar su observancia de Torá, debe hacerlo de una forma inteligente; calculando sus pasos. Así como un padre se conmueve al ver los primeros pasos de su bebe, el Todopoderoso valora nuestros primeros pasos hacia el cumplimiento de Su Torá. Haz todo lo que puedas ahora, con el pensamiento de hacer más después.

Este es el acercamiento sano hacia el Todopoderoso - cumplir Sus mitzvot y obtener también sus beneficios.

Sunday, 4 September 2011

Que significa ser familia

Una historia sobre abandono y profundos lazos de amor.

por Jacob Stewart

Abie Kesserman conoció a su padre sólo por dos años. Lo conoció en el primer año de su vida y lo conoció en el último año de vida de su padre. En el primer año, Abie fue arrullado por su padre y abrazado en su regazo. En el último, él sostuvo la mano de su padre y rezó por su alma. Los dos hechos se desarrollaron con 26 años de diferencia. Su padre falleció en 1999 a la edad de 54 años.

Carol es la hermana de mi padre. Abie es su hijo y mi primer primo. Mi tía es uno de mis grandes héroes. Una persona desinteresada y sensible, ella personifica las cualidades que nuestros sabios alaban en los capítulos de Ética de Nuestros Padres (1:15) “Di poco, haz mucho, y saluda a toda las personas con amabilidad”.

En 1970, se casó con Sam Kesserman. Ella tenía 22 años. Él tenía 27 años. En ese entonces no había ningún indicio de lo que iba a ocurrir. No había ninguna señal del proceso que ya había comenzado.

* * *

Jaim y Turna Kesserman se casaron durante la primavera de 1943, en Pupa, Hungría. Ocho meses después los nazis invadieron el país. Las Fuerzas Armadas Alemanas y los voluntarios de la Cruz de Hierro Húngara evacuaron a la población judía de sus pueblos y los embarcaron hacia Chust, una ciudad cercana, donde fueron colocados en un ghetto por seis meses. Luego fueron enviados a los campos de la muerte en Polonia, incluyendo Auschwitz, Birkenau, y Bergen-Belsen.

En los 18 meses siguientes, la mayoría de sus familiares fueron asesinados. Una familia de 80 almas, ahora eran sólo nueve. Jaim y Turna sobrevivieron – sólo por la voluntad de Dios, ellos dirían después. Luego emigraron a Estados Unidos en 1949 y comenzaron a reconstruir sus vidas.

Sus cuerpos, marcados con cicatrices, cargaban también emociones desgarradoras.

No era una tarea fácil. Ellos no hablaban inglés y no tenían oficio. El estrés en sus vidas diarias era abrumador. Jaim trabajaba en humildes fábricas y ganaba suficiente dinero sólo para mantener un techo sobre la cabeza de sus hijos. Turna se quedaba en casa para criar a sus hijos. La pareja estaba motivada por una sola cosa: la obsesión de reconstruir la familia Kesserman que había sido destruida por los nazis. Soñaban con tener hijos llamados con cada uno de los nombres de los parientes fallecidos.

Sin embargo, una familia debe ser construida sobre bases fuertes. Y sus cuerpos marcados con cicatrices cargaban también emociones desgarradoras. Los dos estaban tan lastimados que el edificio que estaban intentando construir simplemente no podía mantenerse. Dos de sus hijos fueron internados como jóvenes con un gran trauma emocional. Un tercer hijo, un alto joven llamado Sam, tenía problemas emocionales que emergerían posteriormente en su vida – después de casarse con una joven nacida en Brooklyn que no conocía nada sobre los horrores de Hitler.

* * *

Yo pensaba que nuestra familia no había sido afectada por el genocidio alemán de 1939-45. Mis bisabuelos se mudaron de Polonia a Galveston, Texas en 1910 y nuestra familia, en su mayoría, no fue tocada por la guerra. Sin embargo, los tentáculos de esos seis años nos alcanzaron. Nos alcanzaron 25 años después del fin de la guerra.

* * *

La única fotografía que alguna vez vi de Sam fue una fotografía de su casamiento en el álbum de los padres de la novia. Mi abuela, de bendita memoria, había salvado ese álbum y se lo había entregado a Abie cuando adquirió madurez. Sam era apuesto y tenía una barba cuidadosamente recortada. Tenía una sonrisa bondadosa y una amable conducta.

Mi tía no sabía nada de su condición emocional. Ella encontró sus medicamentos después de la boda. Eso no la perturbó. Es cierto, él debió decírselo antes de la boda. Pero Dios le había presentado a Sam un desafío, y a través de él, a ella también. Tenían que enfrentarlo como pareja, y lo superarían.

Después de un año de matrimonio, este comenzó a deteriorarse. Sam dejó de tomar sus medicamentos y su comportamiento se volvió impredecible. Su personalidad comenzó a cambiar.

Entonces, él tuvo un completo colapso nervioso.

Carol estaba determinada a seguir a su lado. Dios había enviado un desafío y ellos debían enfrentarlo como un equipo. Ella lo ayudaría a salir adelante. Ellos emergerían de este desafío fortalecidos. Ellos lo superarían juntos.

Era el segundo colapso nervioso de Sam. El primero había sido cuatro años antes, cuando tenía 23 años.

Sin embargo, algo ocurrió en el hospital donde Sam estaba recuperándose que cambió la visión de Carol. Un día, una joven enfermera trajo una copia de la historia clínica de Sam para revisarla. Extrañamente, era un expediente extenso. No era un archivo nuevo. Era el segundo colapso nervioso de Sam. El primero había sido cuatro años antes, cuando tenía 23 años.

Eso terminó todo. Él había entrado al matrimonio sin contarle acerca de ese episodio tan significante de su vida. Ya no había más relación. Y ese fue el comienzo del final de su matrimonio.

“No juzgues a tus pares hasta estar en su lugar”, aconsejan nuestros sabios (Avot 2:5), y yo prefiero no juzgar a Sam. Él enfrentó un reto más grande que todo lo que yo podré enfrentar. Dos de sus hermanos fueron internados, y él sabía que tenía grandes problemas emocionales también. La opción de la "negación absoluta" apareció brillantemente.

Abie, mi primo nació en 1971. Con el tiempo, él crecería para ser tan alto como su padre, un metro con 80 centímetros. Él tendría un alma especial, un alma con una fuerte tendencia hacia la espiritualidad y el misticismo. Él compondría tantas hermosas melodías y escribiría emotivos poemas. Su trabajo expresaría una intensa búsqueda, anhelo y deseo. Él estaba buscando un padre, buscando paz, y anhelando a Dios.

* * *

Sam desapareció luego del divorcio en 1972. Él simplemente desapareció. Nunca fue a visitar a Abie y nunca envío regalos. Mi tía no lo persiguió. Ella se volvió a casar con un maravilloso caballero y construyeron una nueva y hermosa familia.

¿Por qué tuvo que abandonarlo su padre? Se preguntaba. ¿Por qué no lo amaba?

Creciendo, Abie frecuentemente pensaba sobre su padre. ¿Por qué su padre lo abandonó? Se preguntaba. ¿Por qué no lo amaba? ¿Por qué nunca lo llamó o escribió? ¿Por qué su padre nunca le dijo que pensaba en él, o que lo extrañaba?

El dolor se volvió tristeza. La tristeza se volvió enojo. El enojo se volvió odio. Él lo odiaba por no estar allí para alentarlo cuando hacia algo bien. Él lo odiaba por no estar allí para retarlo cuando hacia algo mal. Él lo odiaba por no ser una inspiración y una autoridad en su vida. Si un buen padre disciplina a su hijo para enseñarle, y un mal padre castiga a su hijo para sacar su frustración, un padre terrible no muestra interés en absoluto.

Carol le contó a Abie sobre su padre, y sobre los problemas en el matrimonio. Le contó sobre las dificultades que él tuvo. Pero para Abie realmente no importaba. Estable o no, su padre era todavía su padre, y él quería una relación con él. Él todavía quería escuchar que su padre lo quería. Él quería una conexión con el hombre que lo engendró. Él desesperadamente quería validación de la fuente de su existencia.

* * *

Hay algo interesante sobre las relaciones con nuestro propio padre. Él no es sólo el hombre que paga nuestra cuenta del dentista y nos lleva a jugar fútbol. Él es mucho más que eso.

Lo colocamos en un estándar increíblemente alto. Esperamos que sepa exactamente que es lo que necesitamos. Esperamos que sepa exactamente cuando disciplinarnos y cuando mostrar su lado suave, que sepa cuando demandarnos que trabajemos fuerte para alcanzar nuestro potencial, y cuando aceptarnos como somos. Que sepa cuando darnos lo que deseamos y cuando no.

Queremos que él sea un modelo perfecto para nosotros. Queremos un padre perfecto.

Queremos que él esté orgulloso de nosotros. Sus críticas son difíciles de aceptar, y sus bendiciones son muy gratificantes. Y no importa cuán buena o tensa nuestra relación pueda ser, estamos profundamente satisfechos cuando escuchamos que presume de nosotros con sus amigos.

Buscamos validación de él, aprobación. Él puede ser viejo y débil, y vivir en un asilo de ancianos, pero cuando aparecemos en la página principal del periódico, o somos citados en la columna de negocios, inmediatamente corremos para mostrarle una copia del periódico a nuestro padre.

Algo ocurre cuando hacemos eso. Se valida nuestra propia existencia.

Nuestro padre es un símbolo de autoridad. Él es lo más importante. Él es un reflejo de Dios.

Esperamos todo de nuestros padres, porque esperamos todo de Dios. Esperamos que sean perfectos porque sabemos que Dios es perfecto.

La experiencia más dolorosa que un ser humano puede sentir es que sus padres no lo amen. Es tan doloroso porque inherentemente sabemos que nuestros padres deben amarnos.

La cosa mas dolorosa que un ser humano puede experimentar es el sentimiento de que Dios no se relaciona con él y lo ama. Porque sabemos que Dios lo hace.

No importa cuán tensa sea tu relación, tú siempre quieres amar a tu padre y oír que él está orgulloso de ti. No importa cuan distante sea tu relación con Dios, tú quieres amarlo, y quieres saber que él está orgulloso de tus buenos actos. Puedes estar enojado con tu padre, pero, finalmente, quieres estar cerca. Tú puedes estar enojado con Dios, pero finalmente, desesperadamente quieres estar cerca.

* * *

A la edad de 27 años, Abie investigó acerca de su padre. Encontró el nombre de la hermana de su padre en la guía telefónica de Brooklyn y la llamó.

Luego de una breve conversación, ella le habló de Sam. Él no estaba bien, y vivía en un asilo.

Ellos arreglaron una reunión en su apartamento. Abie llegó con un amigo, un maravilloso hombre que lo había ayudado con muchos momentos difíciles a través de los años. Sam llegó solo y se sentó al lado de su hermana. Sam le dio a Abie un regalo, una copa de plata, para expresar su amor hacia él. Se disculpó por no haber sido parte de su vida. Él explicó que ocultando su estado emocional, esperaba que su hijo pudiera vivir una vida sin problemas.

Llorando, le dijo a Abie que siempre lo había amado y que sólo quería lo mejor para él.

Luego le dijo más. Le dijo que se había casado dos veces y que había tenido tres hijos. Los hermanos y la hermana de Abie vivían con padres sustitutos, porque sus madres habían fallecido y él no era capaz de cuidarlos. Sam lloró mucho, lloró por sus sueños destrozados de haber tenido una vida normal, y por el dolor que le causó a sus hijos. Y, llorando, le dijo a Abie que siempre lo había amado y que sólo quería lo mejor para él.

A pesar del dolor y el enojo que había sentido Abie a través de todos los años, él apreciaba escuchar eso. Había algo extremadamente validante en el hecho de saber que su padre siempre lo había querido. Se encontraron decenas de veces en los meses siguientes. En una ocasión, su padre lo llevó a una tienda de zapatos y le compró un par. Era una experiencia profundamente conmovedora. En otra ocasión, se sentaron juntos en la estación y le desearon un buen día a la gente que pasaba. Abie vio la bondad de su padre, su lado bueno.

Sam no era un hombre sano. Un año después de que Abie conoció a su padre, él ingresó en un hospital con una infección interna, y falleció pocas semanas después.

Abie escucho de la muerte de su padre una mañana mientras trabajaba en Manhattan. Le dijeron que el funeral sería en Brooklyn, justo antes del anochecer. Él dejó su trabajo, corrió tres cuadras y alcanzó el autobús que circula regularmente entre los dos distritos.

Sentado en el autobús al lado de la ventana, Abie comenzó a tararear. Era una nueva melodía. Una melodía de anhelo, de esperanza, de deseo. A medida que el autobús comenzaba a moverse, tomo un bolígrafo y empezó a escribir en una pequeña libreta que llevaba en el bolsillo de su chaqueta. Las palabras fluían mientras la melodía expresaba sus sentimientos más profundos.

Sí, es de noche,

Es un triste momento para mí,

Que decreto,

Papá está muerto,

De pronto, yo estoy solo otra vez,

En cierto sentido,

Sé que ha vuelto a casa,

Ángeles lo saludan allí,

Ahora ellos lo cuidarán,

Qué vida difícil,

Grande y pequeña su recompensa al final

Dios, envía paz al mundo.

Luego vinieron las lágrimas. Mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, guardó el bolígrafo y puso su libreta en el bolsillo de su chaqueta, de pronto, una sensación lo sobrecogió. Finalmente lo había aceptado. Él sabía que su padre siempre lo había amado. Sabia que su padre trató de hacer lo que era mejor para él, y simplemente cometió un error. Y sabía que había un propósito para todo lo que le había ocurrido a ambos, a él y a su padre… y Dios lo sabía.

Él amaba a su padre. Profundamente.

Él amaba a Dios. Profundamente.

Y él sabía que ellos lo amaban también a él.

una leccion de Dios

Convertirnos en padres de un niño con síndrome de Down nos ha obligado a reconsiderar nuestra perspectiva sobre ser padres y lo que significa vivir una vida significativa.

por Rav Nejemia Coopersmith

A pesar de que Dios nos da exactamente lo que necesitamos, en ocasiones hace falta un gran examen de conciencia para reconocer sus bendiciones. Seis semanas después de que mi esposa dio a luz a nuestro hijo, quien tiene síndrome de Down, comencé a apreciar que somos los recipientes de un regalo precioso.

Este entendimiento no llegó enseguida. En realidad, la primera vez que miré a nuestro hijo recién nacido, mientras yacía en la unidad de neonatología rodeado de máquinas esperando una cirugía para reparar un bloqueo intestinal, el sentimiento que me abrumaba era la incredulidad.

Este no era el que nosotros esperábamos que fuera nuestro cuarto hijo, este no era el hijo que crecería para ser un erudito en Torá. En cambio, me convertí de repente en el padre de un niño retrasado que iba a depender de mí por el resto de mi vida. Sentí como si Dios se hubiera equivocado de alguna manera.

Me levanté a la mañana siguiente esperando que todo hubiera sido una especie de pesadilla. “Esto no puede estar pasando…

Pero era realidad.

“Puede que esté equivocado, pero creo que su hijo tiene síndrome de Down”, me explicó el doctor Gur poco después del nacimiento del bebé. Me senté frente al doctor, mirándolo mientras me hablaba, pero tranquilamente hubiese podido estar a miles de kilómetros de distancia. “Tiene algunos de los signos clásicos – ojos inclinados y atresia duodenal, una malformación intestinal que en el 30% de los casos significa síndrome de Down. Pero no podremos estar seguros hasta que recibamos los resultados del análisis de cromosomas, que tomará al menos una semana”.

“Pero todos nuestros hijos nacieron con ojos orientales… es un fuerte rasgo familiar”, contrarresté. “Y le faltan algunas de las señales identificativas”.

“Espero estar equivocándome. Tendremos que esperar los resultados para estar seguros”.

Tarde esa noche, hablé con mi rabino, el rabino Nóaj Weinberg, para obtener un consejo. “Piensa en cómo Dina y tú cambiarían si fuesen a tener un niño con síndrome de Down”, me aconsejó. “¿Cuál es el crecimiento que Dios querría de ti? Tienes una semana hasta los resultados, haz esos cambios ahora”.

Nos aferramos a la pequeña posibilidad de que el niño estuviera realmente bien. Aunque los judíos no confiamos en milagros abiertos, podemos rezar por “milagros ocultos” – eventos que no necesitan un vuelco absoluto de las leyes de la naturaleza.

No importaba en dónde me encontrara o lo que estuviera haciendo, lo único que había en mi mente era súplica a Dios.

Durante esos siete días experimenté una intensidad en el rezo que no había experimentado nunca antes. Por primera vez realmente entendí lo que el Salmista describe cuando dice: “Yo soy mi plegaria hacia Ti”(Salmos 69:14). La plegaria genuina ocurre cuando todo el ser de la persona, el corazón y el alma, le suplican a Dios con una necesidad tan dolorosa y omnipresente que la persona misma se convierte en una expresión de plegaria. No importaba en dónde me encontrara o lo que estuviera haciendo, lo único que había en mi mente era súplica a Dios.

Y era una experiencia absolutamente solitaria, nadie sabía por lo que mi esposa y yo estábamos pasando. Para mantener el esperado milagro oculto, decidimos mantener la posibilidad del diagnóstico para nosotros mismos hasta recibir los resultados finales. Nuestros amigos le atribuían todo nuestro estrés a la cirugía del bebé y a la recuperación en el hospital, lo que para nosotros era sólo un detalle menor en la imagen global.

“Mi Hijo, el Doctor”

En la segunda mañana me desperté sobresaltado por un sueño. Soñé que estaba siendo perseguido por una criatura amenazante, yo estaba tratando con desesperación de huir, pero la presencia intimidadora estaba siempre uno o dos pasos detrás, a punto de atacar. Como no podía correr más rápido que ella, me di cuenta que lo único que podía hacer para salvarme era darme vuelta y enfrentarla.

Me detuve de repente, giré sobre mis talones, y me puse cara a cara con la criatura siniestra. “No te voy a herir”, dijo la criatura mientras extendía su mano. “Estoy aquí para enseñarte…”.

No soy el tipo de persona que le otorga mucha importancia a los sueños, pero el mensaje de este sueño me llegó muy claramente: “No huyas del bebé, abrázalo. Dios te lo ha enviado para tu bien”.

Esa mañana, mientras el shock comenzaba a desaparecer, mis actitudes comenzaron a sufrir más cambios. Estaba parado junto a nuestro bebé, que recién había sido transferido a otro hospital para su cirugía. Era la primera vez que lo podía ver sin toda la maquinaria rodeándolo. Estaba durmiendo plácidamente mientras yo acariciaba su cabeza, estaba abrumado por una ola de simpatía hacia mi dulce y completamente indefenso hijo. De repente me di cuenta lo ensimismado que había estado. ¿Qué importa mi desilusión y mis expectativas frustradas? ¡Este bebé me necesita desesperadamente! ¡Ponte a trabajar!

Cuando dejé de enfocarme en mí para comenzar a entregarle a mi bebé, me olvidé de la posibilidad del síndrome de Down. Al hacer lo que pudiera para ayudarlo, comencé a sentirme animado por el amor natural que un padre siente por su hijo.

Pasamos esa semana en el hospital, mientras nuestro hijo se recuperaba (“Tu hijo es un verdadero luchador”, me dijo el cirujano. “Nunca hemos visto a un bebé recuperarse tan rápido de este tipo de cirugía”). Todo ese tiempo sentado junto a la cuna de mi nuevo niño durmiente me dio la oportunidad de reconsiderar muchas cosas: mi perspectiva sobre ser padre, qué tipo de vida significativa puede vivir una persona si tiene limitaciones cognitivas, y los cambios que necesitaríamos hacer para criar como corresponde a un niño con síndrome de Down.

Estaba sufriendo una versión religiosa del síndrome de “mi-hijo-el-doctor”.

Me di cuenta que un aspecto primario para mí como padre es el honor que recibo por el éxito de mis hijos y por sus logros. Estaba sufriendo una versión religiosa del síndrome de “mi-hijo-el-doctor”. En lugar del orgullo y el respeto que obtendría por ser el padre de niños profesionales exitosos y ricos, yo estaba esperando que fueran los mejores en estudio de Torá y en liderazgo judío. En ambos casos hay una motivación subyacente: Cómo los hijos cumplirán los sueños de los padres y elevarán el estatus de los padres. Mi respeto por mis hijos estaba ligado, en alguna medida, a sus logros.

Todo padre sabe que esta actitud es equivocada, pero es extremadamente difícil eliminarla. No es fácil amar a nuestros hijos incondicionalmente, con nuestro foco puesto exclusivamente en ayudarlos a materializar su potencial único. ¿Qué pasa cuando su potencial es mucho menor o tan diferente a lo que habíamos esperado?

Nuestro niño no está aquí para satisfacer nuestras necesidades y expectativas. Dios nos lo dio como un encargo, a mí y a mi esposa, con la sagrada tarea de ayudarlo a alcanzar su misión especial en la vida. Ese es mi trabajo como padre, ya sea que el niño sea un genio o que tenga síndrome de Down.

¿Las Limitaciones de Quién?

¿Pero qué tipo de objetivo puede tener nuestro hijo en la vida si es discapacitado mental? Esta pregunta me forzó a confrontar otro valor falso que mi esposa y yo compartíamos, junto con la mayoría de la sociedad occidental. Le damos demasiada importancia a la inteligencia. Tendemos a darle más importancia a ser inteligentes que a ser buenos. Puede que mi hijo no sobresalga en sus estudios, pero puede sobresalir al convertirse en un tzadik, un judío recto al que realmente le preocupan los demás y que lucha por cumplir los mandamientos de la Torá lo mejor que puede. Y, después de todo, esa es la verdadera medida de una persona.

Mi inquietud sobre las posibles limitaciones mentales de mi hijo revelaron mucho más sobre mis limitaciones que sobre las de él.

No me malinterpretes. Todavía debemos esperar mucho de nuestro hijo. Decidimos desde el principio que la mejor manera de tratar con cualquier tipo de discapacidad innata es esperar lo máximo hasta que quede probado que no se puede. Pero no sentiremos orgullo cuando a nuestro hijo le vaya mejor que a los demás, sino cuando luche por lograr acontecimientos importantes personales mientras trabaja duro para materializar su potencial único.

El día anterior al alta de nuestro hijo del hospital, el genetista confirmó el diagnóstico de síndrome de Down. Yo quedé desconcertado con los resultados. Después de una semana de plegarias increíblemente intensas para que nuestro hijo no tuviera el desorden de cromosomas, y tratando de trabajar para hacer los cambios que pensé que Dios quería de mí, estaba realmente esperando que todo saliera bien.

Tuve que hacer un importante reajuste mental. En la visión global, me di cuenta que Dios nos había dado, a mí y a mi esposa, una tarea intimidante; y que si nos poníamos –nosotros y nuestras familias— a la altura del desafío de criar a nuestro hijo especial, lo haríamos mejor. Quizás por primera vez esa semana, no sólo pensé intelectualmente que Dios sabía realmente lo que era mejor para nosotros, sino que finalmente, también lo sentí en mis huesos. En realidad, todo iba a estar bien.

El rabino Moshé Shapiro, un destacado erudito en Torá que vive en Jerusalem, le escribió lo siguiente a un estudiante que fue padre de un niño con síndrome de Down:

    Desde el nacimiento de tu hijo, Nota Shelomó, he creído que si, con la ayuda de Dios, tienes éxito en el desafío que se te ha presentado, recibirás un regalo incomparable.

    Este niño tiene la capacidad de lograr aquello que nadie más en el mundo puede lograr – materializar una asombrosa y poderosa energía latente en los recovecos de tu corazón.

Dios también sabe lo que es mejor para nuestro hijo. El hecho de que haya nacido con capacidades cognitivas limitadas indica que posee un alma elevada que necesita menos rectificación en este mundo.

El rabino Shapiro escribió en la misma carta:

    Cada neshamá [alma] es enviada a este mundo con el objetivo de rectificar algo específico en ella. La mayoría de las personas son enviadas principalmente para mejorarse a sí mismas, y también para afectar a las personas que las rodean de acuerdo a sus habilidades. Sin embargo, hay algunas neshamot que son enviadas como personas incapaces de rectificarse adecuadamente. Entonces, al definir su existencia, debemos entender que estas neshamot son especialmente elevadas, ya que no necesitan ninguna corrección. Su único objetivo al ser enviadas a este mundo es corregir y mejorar a las personas que las rodean.

    Una neshamá de esta inmensa estatura ha sido enviada a tu casa. Acéptala con mucho amor, y ayúdala a desempeñar la función para la que fue enviada.

    Que Dios te ayude a llevar a cabo tu rol – permitir que esta neshamácumpla adecuadamente con su rol.

Yehuda Meir

Llamamos a nuestro hijo Yehuda Meir, que puede ser traducido literalmente como “una brillante fuente de gratitud”.

Una de las lecciones claras que Yehuda Meir ya nos ha enseñado es a apreciar cada pequeño paso que usualmente damos por sentado. Cuando Yehuda Meir, a las seis semanas, giró su cabeza y dio una vuelta (¡los terapeutas físicos al principio no nos creían!), se convirtió en una espontánea celebración en el hogar. Cada pequeño logro en su vida –desde sonreír a sentarse, a caminar y a hablar— será visto como un logro masivo y como un regalo de Dios. No podemos dar nada por sentado, incluyendo la salud general de nuestro hijo (el 50% de los niños con síndrome de Down tienen defectos congénitos de corazón). Y estamos tratando de dirigir esta aumentada apreciación a nuestros otros hijos también.

El nombre “Yehuda” también contiene la palabra hebrea “hod”, que significa belleza y esplendor. Hod es una forma especial de belleza que ocurre cuando el valor espiritual interno excede por mucho el envase externo, y se abre paso, rebalsando y doblegando a lo físico.

Por ejemplo, cuando Moisés bajó del Monte Sinaí, rayos de luz –“karnei hod” en hebreo— irradiaban de su cara y nadie podía mirar su sobrecogedora presencia. Esta explosión de luz representaba la dimensión espiritual interior de Moisés, que no podía ser contenida por su exterior físico. Su espiritualidad interior se abrió camino y sobrepasó sus limitaciones físicas, revelando una esencia espiritual mucho más grande que lo que su pequeño y terrenal cuerpo podría contener.

Cada uno de nosotros recibe un set con ciertas fortalezas y limitaciones que crean nuestro tafkid (misión) especial en la vida. Nuestro trabajo en este mundo consiste en luchar para llegar más allá de nuestras limitaciones y convertir nuestra vida en una brillante fuente de hod, de belleza majestuosa –que es el significado del nombre “Yehuda Meir”.

Yehuda Meir, al igual que cualquier otro judío, puede convertirse en una radiante fuente de santidad en el mundo.

Esto aplica por igual al pequeño Yehuda Meir, cuyas limitaciones son más pronunciadas. Mientras que puede que no alcance cuantitativamente la misma cantidad de Torá y de habilidades de liderazgo que algunos rabinos grandiosos, puede luchar para alcanzar la misma cantidad de manera cualitativa, no a pesar de sus limitaciones inherentes, sino exactamente al utilizarlas como un trampolín para dejar que florezca su especial belleza interior. Yehuda Meir, al igual que cualquier otro judío, puede convertirse en una radiante fuente de santidad en el mundo.

Mi esposa y yo todavía nos descubrimos tropezando con el mal ubicado valor de la inteligencia por sobre la bondad, imaginando cómo nuestro hijo será uno de los más listos y realizados niños con síndrome de Down. Nos damos cuenta que tenemos mucho crecimiento y desafío – ¡y por sobre todo alegría! - por delante. Mientras tanto, estamos derivando muchísimo placer (junto con nuestros otros hijos) al tener la oportunidad de conocer a nuestro adorable hijo.

Todas nuestras sinceras plegarias durante la primera semana de la vida de Yehuda Meir no fueron desperdiciadas. Es nuestra ferviente esperanza que Dios dirija esas plegarias hacia su continuo crecimiento y desarrollo, tanto físico como espiritual, ayudándolo a convertirse en una fuente de enorme bendición. Y que Dios nos de la claridad, la paciencia y la sabiduría para llevar a cabo nuestra noble tarea al criar a esta preciosa neshamá judía.

Publicado: 4/9/2011

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